Cada vez que emprendemos un nuevo camino, una nueva tarea que implica sacrificio y esfuerzo lo hacemos sin medir el trabajo y el cansancio que traiga consigo. Sí. Nuestra naturaleza espontánea y por que no decirlo, embelequera, no nos permite bajo ninguna circunstancia decir, no a cualquier proyecto que represente un reto a la imaginación. No obstante, hay ocasiones, en que son tantos los contratiempos, que parece que todo saldrá mal y algunos en el camino se preguntan: "¿Valdrá la pena? ¿Valdrá la pena disponer de mi tiempo, mis horas de descanso o el dejar de compartir con la familia; para dedicar todas nuestras fuerzas y largas horas de ensayo a sólo "dos noches"...?
Como es costumbre y desde hace 21 años, nuestro Colegio celebró este viernes 20 y sábado 21, las tan esperadas Noches de la Puertorriqueñidad y una vez más quedó confirmado el amor a la patria que sienten los maestros, los padres, pero sobre todo nuestros estudiantes. De igual forma, confirmamos el inagotable talento que poseen nuestros chicos y chicas al ofrecer a Isabela y pueblos aledaños, un espectáculo de indudable calidad artística, que nada tiene que envidiar a espectáculos profesionales.
Luego de cada presentación de nuestros grupos... llega la calma en nuestro interior y la gran satisfacción de la labor cumplida a cabalidad. También llegan los gritos de alegría y de nerviocismo. Así como el llanto de emoción al ver a nuestros hijos dejar la timidez a un lado para bailar, cantar o imitar a algún artista... Y el llanto de algunos, al comprender que ya no habrá otra puertorriqueñidad, pues pronto partirán a la universidad...
Y al apagar las luces, atrás quedan el cansancio, la fatiga, los dolores para dar paso al orgullo que a cada uno, a cada siente de pertenecer a un equipo como el de la gran familia del Colegio San Antonio de Isabela.
Sólo me resta decir, gracias...
A ustedes padres y madres, que no escatimaron en lo más mínimo al aportar en la participación de sus hijos e hijas. ¡Gracias!
A la administración, por la confianza depositada en la facultad. ¡Gracias!
A dos seres muy especiales, mis hermanos Ana y Danny, por nunca decir que no, a pesar de los pesares; por su imaginación que no conoce fronteras; por dedicarnos siempre tiempo para ayudarnos, aunque tiempo es de lo menos que disponen, a vaces; por aceptar el reto... ¡Gracias!
Finalmente, gracias a ustedes nuestros estudiantes, pues de nada serviría todo el esfuerzo en conjunto de no ser por la pasión, el empeño y la alegría con que regalan su talento. ¡Gracias!
Sin lugar a dudas, sí, vale la pena...










